Durante gran parte del siglo XX, la ciencia ficción fue mucho más que un género de entretenimiento. Sus historias funcionaron como laboratorios de ideas desde los cuales imaginar futuros posibles, advertir sobre los riesgos del presente y discutir modelos alternativos de organización social. Cada gran corriente de la ciencia ficción expresa, en el fondo, una forma distinta de entender la relación entre la humanidad, la tecnología y el poder.
El cyberpunk, por ejemplo, surgió durante los años ochenta como una crítica al capitalismo tardío y a la creciente concentración tecnológica. Su lema implícito podría resumirse en la frase «alta tecnología, baja calidad de vida»: corporaciones más poderosas que los Estados, vigilancia permanente, desigualdad extrema y seres humanos convertidos en piezas reemplazables dentro de una maquinaria económica. Más que una predicción, el cyberpunk constituye una advertencia.
Frente a ese imaginario distópico comenzó a desarrollarse, décadas más tarde, una respuesta radicalmente distinta: el solarpunk. En lugar de imaginar un futuro donde la tecnología profundiza la desigualdad, el solarpunk propone un horizonte donde el desarrollo científico permite construir sociedades más libres, más igualitarias y ecológicamente sostenibles.
Lejos de ser solamente una estética de edificios cubiertos de vegetación o paneles solares, el solarpunk constituye una propuesta política, filosófica y cultural sobre cómo podría organizarse una civilización capaz de superar las principales contradicciones del mundo contemporáneo.

El solarpunk como imaginario político
Las sociedades no se construyen únicamente a partir de instituciones o sistemas económicos. También necesitan imaginar el futuro.
Toda transformación política importante estuvo precedida por un imaginario colectivo capaz de representar un mundo distinto del existente. Antes de que existieran las democracias modernas, alguien tuvo que imaginar que los reyes no eran inevitables. Antes de la abolición de la esclavitud, alguien tuvo que imaginar una sociedad donde ninguna persona pudiera ser propiedad de otra.
El solarpunk cumple hoy esa función. No pretende describir el futuro con precisión, sino ofrecer una dirección hacia la cual orientar el desarrollo científico, tecnológico y político. En este sentido, el solarpunk no es una predicción. Es una propuesta.
Un Manifiesto Solarpunk
A lo largo de los últimos años han comenzado a circular en internet numerosos artículos, ensayos, foros de discusión y producciones audiovisuales dedicadas al solarpunk. Como ocurre con todo movimiento cultural emergente, no existe un único documento fundacional ni una definición universalmente aceptada. Sin embargo, uno de los textos más difundidos y reconocidos por la comunidad internacional es «Un Manifiesto Solarpunk», publicado originalmente por The Solarpunk Community y traducido al español por Ian Dennis Miller. Lejos de constituir un programa político cerrado, el manifiesto sintetiza gran parte de los valores, aspiraciones e imaginarios que hoy identifican al movimiento.
A continuación, cito textualmente todo el texto del manifiesto solarpunk original, traducido al español
El solarpunk es un movimiento de ficción especulativa, arte, moda y activismo que intenta contestar y encarnar la pregunta “¿Cómo sería una civilización sostenible y cómo podemos llegar a ella?”
La estética del solarpunk une lo práctico con lo bello, lo bien diseñado con lo verde y lo exuberante, lo luminoso y coloreado con lo sencillo y sólido.
El solarpunk puede ser utópico, simplemente optimista, estar dirigido a crear un mundo mejor, pero nunca es distópico. Según nuestro mundo se va volviendo más y más turbulento, lo que necesitamos son soluciones, no sólo advertencias.
Soluciones para prosperar sin combustibles fósiles. Para gestionar equitativamente la escasez real y compartir en abundancia en lugar de alimentar una falsa escasez y una falsa abundancia. Para ser más amorosas entre nosotras y con el planeta que compartimos.
El solarpunk es al mismo tiempo una visión del futuro, una provocación reflexiva, una manera de vivir y un conjunto de propuestas realistas para alcanzar dicho futuro.
- Somos solarpunks porque nos han arrebatado el optimismo y estamos tratando de recuperarlo.
- Somos solarpunks porque las únicas otras opciones son el negacionismo o la desesperación.
- En su núcleo, el solarpunk es una visión de un futuro que encarna lo mejor que la humanidad puede lograr: un mundo post-escasez, post-jerárquico y post-capitalista donde la humanidad se ve como parte de la naturaleza y las energías limpias sustituyen a los combustibles fósiles.
- El “punk” en solarpunk tiene que ver con la rebelión, la contracultura, el post-capitalismo, el decolonialismo y el entusiasmo. Tiene que ver con ir en una dirección diferente a la convencional, que es cada vez más alarmante.
- El solarpunk es tanto un movimiento como un género: no tiene que ver sólo con las historias, sino también con como materializarlas.
- El solarpunk abarca una multitud de tácticas: no hay una forma correcta de hacer solarpunk. De hecho, diferentes comunidades de todo el mundo adoptan el nombre y las ideas y construyen nichos de revolución auto-sostenible.
- El solarpunk nos provee de una valiosa nueva perspectiva, de un paradigma y de un vocabulario a través de los cuales describir un posible futuro. En lugar de abrazar el retrofuturismo, el solarpunk mira completamente hacia el futuro. No un futuro alternativo, sino un futuro posible.
- Nuestro futurismo no es nihilista como el del ciberpunk y evita las tendencias potencialmente casi reaccionarias del steampunk: tiene que ver con el ingenio, la generatividad, la independencia y la comunidad.
- El solarpunk enfatiza la sostenibilidad medioambiental y la justicia social.
- El solarpunk tiene que ver con encontrar maneras de hacer nuestra vida más maravillosa ahora mismo y también la de las generaciones que nos seguirán.
- Nuestro futuro supone reutilizar lo que ya tenemos y, si hace falta, transformarlo para darle otro uso. Imagina desechar las “ciudades inteligentes” en favor de una ciudadanía inteligente.
- El solarpunk reconoce la influencia histórica que la política y la ciencia ficción han tenido la una en la otra.
- El solarpunk reconoce a la ciencia ficción no sólo como simple entretenimiento, sino también como una forma de activismo.
- El solarpunk quiere oponerse a los escenarios de una tierra agonizante, de una diferencia insuperable entre los ricos y los pobres y de una sociedad controlada por las corporaciones. No en cientos de años, sino ahora mismo.
- El solarpunk tiene que ver con la cultura maker de la juventud, las soluciones y las redes energéticas locales, las formas de crear sistemas autónomos que funcionan. Tiene que ver con amar el mundo.
- La cultura solarpunk incluye todas las culturas, religiones, habilidades, sexos, géneros e identidades sexuales.
- El solarpunk es la idea de una humanidad que alcanza una evolución social que no abraza sólo la mera tolerancia, sino una más completa compasión y aceptación.
- La estética visual del solarpunk es abierta y va evolucionando. En este momento es una mezcla de:
- Era de la navegación a vela y del mito de la frontera ochocentistas (pero con más bicicletas)
- Reutilización creativa de infraestructura ya existente (a veces post-apocalíptica, a veces contemporánea-estrambótica)
- Tecnología apropiada
- Modernismo
- Hayao Miyazaki
- Innovaciones al estilo «jugaard» desde los países no occidentales
- Back ends de alta tecnología con resultados sencillos y elegantes
- Los ambientes construidos del solarpunk están inspirados en los principios del nuevo urbanismo o del nuevo peatonalismo, y de la sostenibilidad medioambiental.
- El solarpunk concibe un ambiente construido adaptado creativamente para, entre otras cosas, aprovechar la ganancia solar usando diferentes tecnologías. El objetivo es promover la autosuficiencia y la vida dentro de los límites naturales.
- En el solarpunk nos hemos parado apenas a tiempo para frenar la lenta destrucción de nuestro planeta. Hemos aprendido a usar la ciencia sabiamente para mejorar nuestras condiciones de vida como parte de nuestro planeta. Ya no somos jefes supremos. Somos cuidadoras. Somos jardineras.
- El solarpunk:
- es diverso
- tiene espacio para la coexistencia de espiritualidad y ciencia
- es bello
- puede pasar. Ahora.
La Comunidad Solarpunk
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http://www.re-des.org/un-manifiesto-solarpunk/
Pensadores fundamentales del imaginario solarpunk
Aunque el solarpunk es un movimiento relativamente reciente, muchas de sus ideas tienen antecedentes en pensadores que, décadas antes de que existiera el término, imaginaron formas de organización social más libres, igualitarias y sostenibles. Entre ellos se encuentran autores como Piotr Kropotkin, Murray Bookchin y Ernst Friedrich Schumacher, referentes del anarquismo, la ecología social y la economía a escala humana. Del mismo modo, en América Latina, pensadores como Arturo Escobar, Enrique Leff y Eduardo Gudynas desarrollaron profundas reflexiones sobre la decolonialidad, la ecología política, el Buen Vivir y las formas de organización comunitaria, aportando perspectivas que hoy dialogan de manera natural con el imaginario solarpunk. En conjunto, sus obras constituyen algunas de las referencias teóricas más importantes para comprender el horizonte político, ecológico y social que propone este movimiento.
Piotr Kropotkin: la cooperación como fundamento de la sociedad
El geógrafo, naturalista y filósofo ruso Piotr Kropotkin (1842-1921) fue uno de los principales teóricos del anarcocomunismo. En oposición a la idea de que la competencia constituye el motor de la evolución, sostuvo que la cooperación y el apoyo mutuo han sido factores decisivos para el desarrollo tanto de las especies como de las sociedades humanas.
Su libro «El apoyo mutuo: un factor de la evolución» desarrolla esta tesis a partir de ejemplos biológicos e históricos, mientras que «La conquista del pan» propone una organización social basada en la cooperación voluntaria, la producción comunitaria y la satisfacción de las necesidades de todas las personas.
- El apoyo mutuo: un factor de la evolución: https://theanarchistlibrary.org/library/petr-kropotkin-mutual-aid-a-factor-of-evolution
- La conquista del pan: https://theanarchistlibrary.org/library/petr-kropotkin-the-conquest-of-bread
Muchas de las ideas de autosuficiencia comunitaria, descentralización y solidaridad presentes en el solarpunk encuentran en Kropotkin uno de sus antecedentes más importantes.
Murray Bookchin: ecología y democracia directa
El filósofo y activista estadounidense Murray Bookchin (1921-2006) desarrolló la teoría de la ecología social, según la cual la crisis ambiental no puede entenderse únicamente como un problema tecnológico o económico, sino como la consecuencia de relaciones sociales basadas en la dominación y la jerarquía.
En «La ecología de la libertad» sostiene que la dominación sobre la naturaleza nace de la dominación entre las personas. Más tarde, en «Anarquismo post-escasez», plantea que el desarrollo tecnológico podría liberar a la humanidad del trabajo alienado siempre que estuviera organizado democráticamente y orientado al bienestar colectivo, en lugar de la acumulación de capital.
Bookchin también desarrolló la propuesta del municipalismo libertario, un modelo basado en comunidades autónomas articuladas mediante federaciones y gobernadas a través de mecanismos de democracia directa. Cabe aclarar, para no generar confusiones, que el término libertario, en este contexto, proviene de la tradición socialista y anarquista, donde históricamente se ha utilizado como sinónimo de anarquista. No guarda relación con el uso contemporáneo que, en distintos países —como Argentina, con el caso de Javier Milei—, se hace del término para referirse a corrientes de orientación liberal o libertaria, cuyas propuestas políticas y económicas son, en muchos aspectos, opuestas a las defendidas por Bookchin.
- Post-Scarcity Anarchism: https://theanarchistlibrary.org/library/murray-bookchin-post-scarcity-anarchism
- The Ecology of Freedom: https://archive.org/details/ecologyoffreedom0000book
Su influencia sobre el pensamiento solarpunk resulta especialmente visible en las propuestas de ciudades verdes, descentralización política, energías renovables y participación comunitaria.
E. F. Schumacher: una economía a escala humana
El economista Ernst Friedrich Schumacher (1911-1977) cuestionó el paradigma del crecimiento económico ilimitado y defendió una economía centrada en las personas antes que en la rentabilidad.
Nacido en Bonn, Alemania, se vio obligado a abandonar su país ante el ascenso del nazismo. Tras emigrar al Reino Unido, se estableció definitivamente en Inglaterra en 1936 y posteriormente obtuvo la ciudadanía británica. Esa experiencia, sumada a su trayectoria como economista, influyó profundamente en un pensamiento crítico tanto del capitalismo industrial como de los modelos de desarrollo basados en el crecimiento permanente. Su obra más conocida, «Lo pequeño es hermoso: una economía como si las personas importaran», critica el gigantismo industrial, el consumismo y la dependencia de tecnologías excesivamente complejas. En su lugar propone el desarrollo de tecnologías apropiadas, es decir, herramientas accesibles, sostenibles y adaptadas a las necesidades concretas de cada comunidad.
- Small Is Beautiful (Internet Archive): https://archive.org/details/smallisbeautiful00schu
- The Schumacher Center for a New Economics: https://centerforneweconomics.org/
La influencia de Schumacher puede observarse en la valoración que hace el solarpunk de la producción local, las economías regionales, la reparación, la reutilización de recursos y el uso de tecnologías que fortalezcan la autonomía de las comunidades en lugar de incrementar su dependencia de grandes corporaciones.
En conjunto, las ideas de Kropotkin, Bookchin y Schumacher no constituyen una definición del solarpunk, pero sí ofrecen buena parte de sus fundamentos filosóficos. La cooperación por encima de la competencia, la democracia comunitaria frente a las jerarquías, la integración entre sociedad y naturaleza y una economía orientada al bienestar antes que al crecimiento ilimitado son principios que atraviesan tanto sus obras como el imaginario solarpunk contemporáneo.
Arturo Escobar: autonomía, decolonialidad y diseño para la transición
El antropólogo colombiano Arturo Escobar (1951) es uno de los principales exponentes del pensamiento decolonial latinoamericano. Su trabajo cuestiona la idea occidental del «desarrollo» como único camino posible para las sociedades y propone construir múltiples formas de habitar el mundo a partir de las realidades culturales, territoriales y ecológicas de cada comunidad.
Escobar sostiene que los grandes desafíos contemporáneos —la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad social— no pueden resolverse únicamente mediante avances tecnológicos, sino transformando las formas en que las sociedades se organizan y se relacionan con la naturaleza. Propone el concepto de «diseño para las transiciones», entendido como la construcción colectiva de futuros sostenibles desde abajo, fortaleciendo la autonomía de los territorios y recuperando los conocimientos comunitarios.
- Designs for the Pluriverse: https://dukeupress.edu/designs-for-the-pluriverse
- Sentipensar con la Tierra: https://biblioteca.clacso.edu.ar/Colombia/escpos-unaula/20170802050253/pdf_460.pdf
Las ideas de Escobar dialogan profundamente con el solarpunk al defender comunidades descentralizadas, tecnologías apropiadas, producción local y una visión de la naturaleza como parte inseparable de la vida social.
Enrique Leff: racionalidad ambiental y ecología política
El economista y sociólogo mexicano Enrique Leff (1946) es uno de los principales referentes de la ecología política latinoamericana. Su obra sostiene que la crisis ambiental no es simplemente consecuencia de un uso inadecuado de los recursos naturales, sino el resultado de un modelo económico y cultural que reduce la naturaleza a una mercancía.
Como alternativa propone desarrollar una racionalidad ambiental, capaz de integrar el conocimiento científico con los saberes campesinos, indígenas y populares para construir formas de desarrollo sustentables, democráticas y territorialmente arraigadas.
Obras principales
La influencia de Leff puede observarse en la defensa que hace el solarpunk de la diversidad cultural, la producción descentralizada, la soberanía territorial y la integración entre ciencia, tecnología y conocimientos locales.
Eduardo Gudynas: Buen Vivir y crítica al extractivismo
El investigador uruguayo Eduardo Gudynas (1960) es uno de los principales teóricos latinoamericanos del Buen Vivir y de la crítica al extractivismo. Sus investigaciones analizan cómo los modelos económicos basados en la explotación intensiva de los recursos naturales generan profundas desigualdades sociales y una degradación creciente de los ecosistemas.
Gudynas plantea que el bienestar no puede medirse únicamente mediante indicadores económicos, sino que debe contemplar la calidad de las relaciones entre las personas, las comunidades y la naturaleza. En ese marco, ha sido uno de los principales impulsores de la idea de reconocer derechos propios a la naturaleza, trascendiendo la visión que la considera exclusivamente un recurso al servicio de la economía.
Obras principales
- Derechos de la Naturaleza
- Extractivismos
- Buen Vivir: Germinando alternativas al desarrollo
- Sitio oficial de Eduardo Gudynas: https://www.gudynas.com/
Su pensamiento coincide con el horizonte solarpunk al proponer sociedades postextractivistas, economías locales, respeto por los límites ecológicos del planeta y una convivencia armónica entre los seres humanos y el resto de la biosfera.
En conjunto, Escobar, Leff y Gudynas representan algunos de los aportes más significativos que América Latina ha realizado al pensamiento ecológico contemporáneo. Aunque ninguno de ellos se define como solarpunk, sus trabajos ofrecen herramientas fundamentales para pensar una transición hacia sociedades más democráticas, sustentables, descentralizadas y socialmente justas, convirtiéndose en referentes imprescindibles para comprender el movimiento desde una perspectiva latinoamericana.
Por supuesto, además de estos referentes, existen otros autores latinoamericanos que, aunque no hayan influido quizás de manera directa en la conformación del movimiento solarpunk, desarrollaron ideas que dialogan profundamente con sus principios y contribuyen a enriquecer su marco teórico desde la realidad de nuestra región. Entre ellos se encuentra la socióloga argentina Maristella Svampa, una de las principales referentes de la ecología política latinoamericana. Sus investigaciones sobre el extractivismo, la transición ecosocial y las alternativas al desarrollo han permitido comprender cómo los modelos económicos basados en la explotación intensiva de los recursos naturales generan profundas desigualdades sociales y ambientales. Sus trabajos constituyen una referencia fundamental para pensar una transición ecológica que combine sostenibilidad ambiental con justicia social. También merece un lugar destacado el pedagogo brasileño Paulo Freire (1921-1997), cuya propuesta de una educación emancipadora resulta especialmente compatible con el espíritu del solarpunk. En obras como Pedagogía del oprimido y Pedagogía de la autonomía, Freire sostuvo que las personas no deben ser receptoras pasivas del conocimiento, sino protagonistas de la transformación de su propia realidad. Desde esta perspectiva, la educación deja de ser un mecanismo de reproducción de las relaciones de dominación para convertirse en una herramienta de autonomía, cooperación y organización comunitaria. Esa dimensión pedagógica está presente en gran parte del imaginario solarpunk, que concibe comunidades capaces de aprender, fabricar, reparar, cultivar y gobernarse colectivamente. Por otro lado, dentro del ámbito de la literatura contemporánea, también resulta especialmente interesante la obra del escritor argentino Michel Nieva. Aunque su producción se inscribe principalmente dentro del cyberpunk y de la ciencia ficción distópica, sus novelas y ensayos ofrecen una profunda crítica al capitalismo, al extractivismo, al colonialismo y a las formas en que la tecnología puede convertirse en un instrumento de dominación. En libros como ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?, Ascenso y apogeo del Imperio Argentino y Tecnología y barbarie, Nieva reinterpreta la tradición gauchesca desde la ciencia ficción para cuestionar los discursos fundacionales del Estado argentino, la mercantilización de los cuerpos y los territorios, y las narrativas tecnológicas despolitizadas. Su propuesta del llamado gauchopunk demuestra que la ciencia ficción latinoamericana también puede intervenir sobre los problemas específicos de nuestra historia y nuestro presente, ofreciendo un contrapunto crítico que dialoga de manera muy fértil con el horizonte transformador del solarpunk. Y, por supuesto, si hablamos de literatura el hito fundacional fue la publicación de la antología Solarpunk: Histórias ecológicas e fantásticas em um mundo sustentável (2012), editada por Gerson Lodi-Ribeiro, que reunió relatos de autores brasileños y portugueses para imaginar futuros donde la humanidad ya habría logrado completar la transición energética, reconstruir su vínculo con la naturaleza y organizar sociedades ecológicamente sostenibles y socialmente justas. Lejos de ser un detalle anecdótico, este origen latinoamericano resulta significativo: desde sus comienzos, el solarpunk se constituyó como una respuesta proveniente del Sur Global a las crisis ecológicas, sociales y económicas del presente, incorporando preocupaciones y perspectivas que continúan distinguiéndolo de otras corrientes de la ciencia ficción contemporánea.
Naturalmente, el recorrido podría extenderse mucho más. También sería posible analizar la influencia de grandes clásicos de la ciencia ficción y de la literatura política como 1984, de George Orwell; Un mundo feliz, de Aldous Huxley; Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin; Ecotopía, de Ernest Callenbach; La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler; o incluso las obras de William Gibson, fundador del cyberpunk, cuya visión distópica constituye, en muchos aspectos, el contrapunto del horizonte solarpunk. Todas estas obras han contribuido a imaginar futuros posibles, ya sea como advertencias sobre los riesgos de determinados modelos de sociedad o como propuestas alternativas para repensar nuestra relación con la tecnología, la política y el ambiente.
Sin embargo, más allá de la diversidad de influencias, la lectura conjunta de estas obras y de los autores recién mencionados despierta, al menos en mi, una reflexión particular: el solarpunk parecería entonces encontrar en América Latina un terreno especialmente fértil para desarrollarse no solo como una estética o un género literario, sino también como un proyecto político y cultural. Las preocupaciones por la emancipación, la organización comunitaria, la justicia social, la soberanía tecnológica y la relación armónica con la naturaleza atraviesan buena parte del pensamiento latinoamericano contemporáneo y dialogan de manera natural con los principios que hoy identifican al movimiento (Quienes deseen profundizar en esa interpretación pueden consultar el artículo «Solarpunk y justicia social: por qué el futuro también es una disputa tecnológica», que publiqué recientemente en ONOH DIGITAL: https://onoh.digital/2026/07/17/solarpunk-y-justicia-social-por-que-el-futuro-tambien-es-una-disputa-tecnologica/)
Lejos de surgir de manera espontánea, el solarpunk se apoya sobre un amplio corpus teórico y bibliográfico que permite comprenderlo no solo como un género de ciencia ficción o una corriente estética, sino también como una propuesta de reflexión sobre la organización de la sociedad, la tecnología y nuestra relación con el ambiente. Sus raíces intelectuales, filosóficas, políticas y literarias se nutren de una tradición mucho más amplia, cuyos aportes constituyen un valioso punto de partida para comprender los principios, las propuestas y las distintas dimensiones que caracterizan a este movimiento contemporáneo.
Una comunidad sin dominación
Quizás el aspecto menos conocido del solarpunk sea su fuerte influencia del pensamiento anarquista. Acá es importante aclarar que «anarquismo» no significa caos ni ausencia absoluta de organización. Dentro de la tradición filosófica anarquista, el concepto refiere principalmente al rechazo de las jerarquías injustificadas y de las relaciones de dominación.
Como mencionamos anteriormente, los autores que aparecen de manera recurrente como referencias dentro del pensamiento solarpunk compartían una preocupación común: una sociedad donde el desarrollo económico estuviera orientado al bienestar de las personas y no exclusivamente a la acumulación de riqueza.
Desde esta perspectiva, el capitalismo genera una escasez artificial. La humanidad posee hoy una capacidad tecnológica suficiente para producir alimentos, energía y bienes materiales en cantidades nunca antes vistas. Sin embargo, millones de personas continúan viviendo en condiciones de pobreza no porque falten recursos, sino porque éstos se distribuyen según la lógica del mercado y no según las necesidades humanas.
Por eso el solarpunk propone pensar una sociedad postcapitalista y, sobre todo, postescasez. Una sociedad postescasez no significa que todos posean recursos infinitos, sino que las necesidades materiales básicas dejan de depender de la capacidad individual para vender fuerza de trabajo. La automatización, la inteligencia artificial y el desarrollo científico dejan de ser herramientas destinadas exclusivamente a aumentar la rentabilidad empresarial para convertirse en instrumentos de emancipación social.
En un escenario así, trabajar dejaría de ser una obligación para sobrevivir y pasaría a ser una actividad vinculada con la creatividad, el conocimiento, el arte, el cuidado o la investigación.
La tecnología como herramienta de emancipación
Uno de los aportes más interesantes del pensamiento solarpunk consiste en romper con una falsa dicotomía muy presente en los debates contemporáneos. No plantea elegir entre tecnología o naturaleza. Plantea decidir quién desarrolla la tecnología y para qué fines. Desde esta perspectiva, la automatización no representa necesariamente una amenaza para los trabajadores. Lo que resulta peligroso es que esa automatización permanezca exclusivamente bajo el control de quienes concentran el poder económico.
La tecnología no es el problema. El problema es la concentración tecnológica. Por eso el solarpunk promueve el conocimiento abierto, el software libre, la ciencia colaborativa, las energías renovables descentralizadas y las formas comunitarias de innovación.
Reintegrarnos con la naturaleza
El segundo gran principio del solarpunk es la ecología, pero tampoco acá se trata simplemente de reciclar residuos o plantar árboles. La crítica es mucho más profunda.
Durante siglos, buena parte del pensamiento occidental entendió a la naturaleza como un conjunto de recursos disponibles para ser explotados por los seres humanos. El desarrollo industrial consolidó esa visión. Bosques, ríos, montañas e incluso los propios ecosistemas comenzaron a valorarse principalmente por aquello que podían producir para el mercado. El solarpunk propone abandonar esa lógica.
Los seres humanos no somos externos a la naturaleza. Somos parte de ella. En consecuencia, una sociedad verdaderamente sostenible no consiste únicamente en reducir emisiones de carbono, sino en reorganizar completamente la forma en que producimos alimentos, energía, ciudades y conocimiento. La agroecología, las energías renovables, la arquitectura bioclimática, la planificación urbana de proximidad, el transporte público y la producción local aparecen como piezas fundamentales de ese proyecto. No porque representen un regreso romántico al pasado, sino porque permiten construir comunidades más resilientes, menos dependientes de cadenas globales vulnerables y más compatibles con los límites ecológicos del planeta.
La justicia como condición del futuro
El tercer gran principio del solarpunk es la justicia. Y, nuevamente, se trata de un concepto mucho más amplio que la igualdad económica.
Podemos identificar cuatro dimensiones fundamentales. La primera es la justicia social: eliminar todas las formas de discriminación y exclusión vinculadas con la clase social, el género, la identidad o cualquier otra condición. La segunda es la justicia entre generaciones. Cada generación tiene la responsabilidad de no hipotecar el futuro de las siguientes mediante decisiones ambientales irreversibles. La tercera es la justicia entre comunidades. Las consecuencias ambientales de una región nunca afectan exclusivamente a quienes viven ahí. La contaminación, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad trascienden cualquier frontera política.
Finalmente aparece una cuarta dimensión especialmente novedosa: la justicia hacia las formas de vida no humanas. Si los ecosistemas sostienen las condiciones necesarias para toda la vida del planeta, entonces protegerlos deja de ser únicamente una cuestión utilitaria y pasa a convertirse en un principio ético.
Una utopía para orientar el presente
El mayor valor del solarpunk quizás no consista en ofrecer un programa político cerrado. Su verdadero aporte es recordar que todavía somos capaces de imaginar futuros optimistas. Durante décadas la cultura popular estuvo dominada por distopías donde el colapso ambiental, el autoritarismo tecnológico y la desigualdad parecían inevitables. El solarpunk rompe con ese fatalismo. Sostiene que la tecnología puede utilizarse para liberar en lugar de dominar. Que la abundancia puede reemplazar a la escasez, que la cooperación puede ser más eficiente que la competencia permanente, que las ciudades pueden convivir con la biodiversidad, y que la justicia social y la sostenibilidad ecológica no son objetivos contrapuestos, sino condiciones inseparables de una misma sociedad.
Tal vez esa sea la enseñanza más importante del solarpunk. No consiste simplemente en imaginar un mundo mejor. Consiste en recordar que los futuros no aparecen espontáneamente. Los futuros se construyen, y la primera condición para construirlos es ser capaces de imaginarlos.
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