Escuchar no consiste únicamente en recibir sonidos; implica también dirigir nuestra atención hacia aquello que suena, establecer relaciones entre los distintos acontecimientos acústicos y reconocer aspectos del entorno que habitualmente permanecen en segundo plano.
En nuestra experiencia cotidiana, gran parte de los sonidos son percibidos de manera automática. Podemos atravesar una calle, permanecer dentro de un aula o viajar en transporte público sin prestar una atención consciente a la enorme cantidad de información sonora que nos rodea. La práctica artística puede intervenir sobre este hábito: proponer determinadas condiciones de escucha permite transformar un ambiente cotidiano en un objeto de exploración.
Esta preocupación ocupa un lugar central en la tradición del paisaje sonoro y de la ecología acústica, desarrollada especialmente a partir del trabajo del compositor canadiense R. Murray Schafer y el World Soundscape Project. Para Schafer, aprender a escuchar constituye una condición fundamental para comprender nuestro entorno acústico. En The Soundscape: Our Sonic Environment and the Tuning of the World, propone ejercicios destinados a desarrollar una mayor sensibilidad auditiva y denomina ear cleaning —“limpieza de oídos”— a este entrenamiento de la escucha. Entre sus propuestas aparecen ejercicios de silencio, imitación sonora y observación atenta del ambiente.
La propuesta de Schafer no consiste simplemente en escuchar “más fuerte” o en identificar fuentes sonoras; se trata de modificar aquello a lo que prestamos atención: Un sonido que normalmente funciona como fondo puede convertirse, mediante un ejercicio, en el centro de nuestra experiencia.
Esta perspectiva fue desarrollada desde otros lugares por la compositora estadounidense Pauline Oliveros, quien formuló el concepto de Deep Listening. Para Oliveros, escuchar profundamente supone ampliar y dirigir conscientemente la atención hacia aquello que sucede tanto en el entorno como en nuestro propio cuerpo y pensamiento. Su libro Deep Listening: A Composer’s Sound Practice reúne textos, ejercicios y propuestas pedagógicas desarrolladas a partir de años de talleres y clases. La autora entiende estas prácticas como formas de atención y propone, entre otras actividades, diarios de escucha, ejercicios corporales y experiencias colectivas.
Un tercer antecedente particularmente relevante es Hildegard Westerkamp, compositora y participante del World Soundscape Project. Westerkamp desarrolló la práctica del soundwalk o paseo sonoro: una caminata cuyo objetivo principal es escuchar el ambiente. En sus propias palabras, el soundwalk busca convertir en consciente nuestra condición de habitantes y participantes del paisaje sonoro.
Por lo tanto, estos ejercicios no deben entenderse como simples juegos destinados a “agudizar el oído”.; son prácticas que permiten investigar cómo escuchamos, qué seleccionamos y qué dejamos fuera de nuestra percepción. También, pueden convertirse en herramientas para la creación sonora: escuchar de determinada manera puede ser el primer paso para producir, registrar, organizar o componer sonidos.
Ejercicio 1 — El sonido más lejano
Duración: 5 minutos.
Lugar: un espacio cotidiano, preferentemente con cierta actividad sonora.
Sentarse cómodamente y permanecer en silencio durante cinco minutos. Durante el primer minuto, simplemente escuchar el conjunto del ambiente. Luego, intentar identificar progresivamente los sonidos que se encuentran a mayor distancia. No es necesario reconocer qué los produce. El objetivo es concentrarse en aquellos sonidos que parecen provenir de lejos, incluso cuando resulten muy débiles.
Al finalizar, anotar:
- ¿Cuál fue el sonido más lejano que pudiste identificar?
- ¿Qué otros sonidos aparecieron cuando dejaste de prestar atención a los sonidos cercanos?
- ¿Hubo sonidos que aparecieron y desaparecieron durante el ejercicio?
- ¿Cambió la percepción del espacio después de permanecer varios minutos escuchando?
Variante compositiva: realizar una segunda escucha en el mismo lugar e intentar representar gráficamente, mediante líneas, puntos, palabras o cualquier otra convención, la posición aproximada y el movimiento de los sonidos percibidos.
El ejercicio retoma la idea de “limpieza de oídos” de Schafer: modificar deliberadamente el foco de atención permite hacer perceptibles sonidos que habitualmente permanecen en el fondo.
Ejercicio 2 — Caminata sonora
Duración: 15–20 minutos.
Elegir un recorrido conocido. Puede ser el trayecto desde el aula hasta otro punto del edificio, una vuelta por una plaza o una caminata por el barrio.
Realizar el recorrido sin hablar y sin reproducir música ni otros contenidos mediante el teléfono. La única actividad durante ese período será caminar y escuchar.
Durante el recorrido, prestar atención a:
- Sonidos cercanos y lejanos
- Sonidos continuos e intermitentes
- Sonidos naturales y producidos por seres humanos o máquinas
- Ecos y reverberaciones
- Cambios en el ambiente al desplazarse
- Sonidos producidos por el propio cuerpo: pasos, respiración, ropa, etc.
- Momentos de mayor y menor densidad sonora
Al terminar, registrar por escrito la experiencia. No es necesario realizar una descripción “objetiva” del recorrido: interesa especialmente aquello que llamó la atención y las relaciones que pudieron establecerse entre sonido, espacio y movimiento.
Este ejercicio se basa en la práctica del soundwalking desarrollada por Westerkamp. La autora define el paseo sonoro como una excursión cuyo propósito principal es escuchar el ambiente y propone incluso recorridos realizados colectivamente en silencio.
Variante compositiva: realizar una grabación del recorrido y, posteriormente, seleccionar tres momentos que permitan reconstruirlo acústicamente. No necesariamente deben ser los sonidos “más importantes”: pueden elegirse aquellos que permitan transmitir cómo se experimentó el espacio.
Ejercicios 3 — Cómo desaparecer, Haytham el-Wardany
El ejercicio de escucha de Cómo desaparecer (2013), del escritor egipcio Haytham El-Wardany, puede entenderse como parte de una tradición más amplia de prácticas artísticas destinadas a transformar la manera en que percibimos el entorno sonoro.
1. Siéntate a solas en un espacio público, como una cafetería, un parque o una plaza.
2. Intenta desplazar tu concentración de los pensamientos que rondan en tu mente hacia los sonidos del lugar que te rodea.
3. Examina atentamente los sonidos que llegan a tus oídos, uno a uno, sin prestar más atención a uno que a otro.
4. Reflexiona sobre los pliegues y ondulaciones de los sonidos que ahora escuchas. Cuando oigas la voz de alguien al pasar, ten en cuenta su tono y profundidad, no solo el significado de lo que dice; cuando pase a tu lado un vehículo ruidoso, ten en cuenta la intensidad del sonido del motor y el espectro de frecuencias que lo acompaña; cuando escuches el sonido de una radio en la lejanía, no te centres solo en la voz del o de la cantante y en el nombre de la canción, más bien trata de captar el grado de pureza de la onda y escuchar las interferencias que la acompañan.
5. Evita siempre que estos sonidos creen una jerarquía. Impide que unos ocupen el primer plano relegando los demás a un segundo plano. Recuerda siempre que debes situar todos los sonidos a la misma distancia de ti.
6. Descubrirás que la principal dificultad que vas a encontrar es cómo concentrarte en los sonidos en sí mismos, ya que los pensamientos, impresiones y recuerdos que estos despiertan no pararán de adueñarse de una parte de tu concentración, desplazando los sonidos reales a un segundo plano. Intenta siempre regresar a los sonidos que se emiten en tu momento presente, pues tu tarea consiste en escucharlos sin más y no en reflexionar sobre su significado.
7. Con el paso del tiempo, a medida que te sumerjas en lo que escuchas, aumentarán los detalles de lo que suena a tu alrededor: cada detalle te conducirá a otro, cada sonido te llevará al siguiente, y entonces descubrirás que tu voz interior se desvanece gradualmente a medida que te sumerges en los sonidos circundantes.
8. Cuando finalmente logres escuchar el lugar en su totalidad, descubrirás que la distancia que te separa de los sonidos ha disminuido y que te has convertido en parte del entorno. Te darás cuenta de que nadie a tu alrededor percibe tu presencia y que las personas pasan a tu lado sin verte.
Escuchar para crear
Los ejercicios anteriores pueden entenderse como una primera etapa de trabajo compositivo. Antes de decidir qué sonidos utilizar, cómo registrarlos o cómo organizarlos, podemos preguntarnos cómo estamos escuchando.
La escucha atenta desplaza nuestra relación habitual con el sonido: aquello que normalmente consideramos ruido, fondo o silencio puede adquirir protagonismo. En este sentido, la propuesta de John Cage resulta también fundamental. Su obra 4’33» llevó al extremo la idea de que una situación aparentemente silenciosa puede revelar una multiplicidad de acontecimientos sonoros. La obra no elimina el sonido, sino que dirige la atención hacia los sonidos que ocurren sin haber sido previamente determinados por el compositor.
Así, una práctica de escucha puede comenzar sin producir ningún sonido. Escuchar puede ser ya una forma de hacer: una manera de investigar un espacio, reconocer sus características y descubrir posibilidades compositivas allí donde antes solamente percibíamos un ambiente cotidiano.
La pregunta final, entonces, no es únicamente “¿qué escuchamos?”, sino también: ¿Qué ocurre cuando decidimos escuchar de otra manera?
Bibliografía
Cage, J. (1968). A Year from Monday: New Lectures and Writings. Wesleyan University Press.
Haytham El-Wardany, How to Disappear (2013; edición inglesa, 2018).
